El alquiler de automóviles en Brasil tiene una historia reciente. Comenzó en la década de 50, época romántica en que los antiguos modelos Fusca (el "Escarabajo"), Dauphine, DKW, Aero Willis, Simca y Karman Guía circulaban por las calles, avenidas y carreteras brasileñas, después de que la industria automotriz fuera impulsada por el Plan de Metas de Juscelino Kubitschek.
Los primeros negocios surgieron en la región central de São Paulo, donde algunos empresarios de reventas de coches usados empezaron a alquilar los autos como actividad suplementaria. Fue justamente uno de estos revendedores, el empresario Adalberto Camargo, que vislumbró en el alquiler de coches un negocio promisorio. El momento era favorable. La actividad económica crecía y el País necesitaba de medios de transporte.
En 1956, Camargo se asoció a empresarios de otros sectores con el fin de encontrar financiación para fundar su Auto Drive S.A. Industria y Comercio, la primera empresa creada exclusivamente con la finalidad de alquilar coches. El primer auto alquilado por la empresa fue un Volkswagen, el antiguo Fusca o "Escarabajo", para clientes brasileños que ya habían viajado al exterior, donde habían tomado conocimiento de las conveniencias de la locación.
Desde esta iniciativa pionera, empezaron a surgir otras arrendadoras. Aunque al comienzo la actividad haya enfrentado dificultades, como la competencia predatoria y el desgaste de los vehículos debido a las pésimas carreteras de la época, que eran mucho peores que las actuales.
La expansión del Negocio
A mediados de los años 60, la actividad tuvo un gran empuje al importar la experiencia norte-americana, necesaria en la época, y comenzó a profesionalizarse rápidamente. Fue cuando el perfil del arrendamiento de vehículos dejó de ser exclusivamente transitorio para incluir también contratos firmados con empresas que utilizaban flotas, surgiendo el alquiler a largo plazo.
En los años 70, aparecieron las empresas de leasing financiero, con las cuales fue posible impulsar el desarrollo de las agencias de alquiler de vehículos, ya que surgió la posibilidad de realizar operaciones de financiación a largo plazo.
A fines de esa década también surgió el coche a alcohol, un hito de la industria nacional, que fue la respuesta brasileña a la crisis mundial del petróleo. Las Agencias pasaron a utilizar intensamente esta novedad, ayudando a divulgarla por todo el País.
El alquiler de coches, entonces, se transformó en una actividad consolidada en Brasil. Como ya aconteciera en el exterior, empezaron a llegar las redes internacionales de alquiler de autos.
Asimismo, las empresas nacionales pasaron a formar redes, utilizando el sistema de franquicia. La locación de vehículos se amplió considerablemente.
Como consecuencia de la natural pulverización del know-how sobre el alquiler de autos, lograron constituirse pequeñas empresas regionales. En este panorama de expansión, surgió la necesidad de formar una Asociación que reuniese los pioneros del nuevo negocio en torno a objetivos comunes: defender los intereses de las empresas del sector, profesionalizar la actividad y divulgarla ante la sociedad, además de combatir la competencia predatoria.
Más rápidamente de lo que se pudo prever, el caótico ambiente económico de los años 80 resaltó la importancia de crear ABLA.
El marco de inseguridad que se instaló hizo que el crecimiento de la economía se estancó, llevando a la llamada “década perdida”. A pesar de esto, y con el respaldo de ABLA, fundada el 30 de marzo de 1977, el sector creció y el alquiler de autos se expandió desde los grandes centros urbanos para el interior.
Fue un gran desafío para el sector resistir a los paquetes económicos y a las congelaciones ineficaces que, entre otros desastres, provocaron el agiotaje en el precio de los vehículos.
Felizmente, el alquiler de coches ingresó en los años 90 con nuevos desafíos y oportunidades. Apertura de la economía, Código de Defensa del Consumidor, coche popular, Plan Real y globalización son algunas de las cuestiones contemporáneas.
La apertura trajo para las arrendadoras la posibilidad de diversificar la flota con coches importados, para así satisfacer a un consumidor que pasó a exigir cada vez más calidad.
La explosión de las tarjetas de crédito, principalmente después el Plan Real, también fue positiva para el sector, al ensanchar la base de potenciales consumidores. Hubo entones que adaptar la administración de los negocios al nuevo orden económico, ya con la inflación bajo control.
Sin embargo, la estabilidad de los precios no se verificó en los automóviles. Los autos populares saltaron de aproximadamente R$ 7,3 mil en 1994 para cerca de R$ 15 mil en 2002. Mientras tanto, la competencia entre las arrendadoras naturalmente aumentó. Tal hecho, aliado a las necesidades de ganancia de productividad y reducción de costos, resultó en la caída de los precios de la tasa diaria de alquiler en alrededor del 30%, desde el Plan Real hasta fines de 2001.
Nuevamente, el sector superó las consecuencias globales de las crisis económicas de Rusia, de Asia, de la Argentina y del propio Brasil, en momentos que exigieron atención y aplicación por parte de todos los sectores de la actividad económica.
La industria automovilística, la mayor abastecedora de las arrendadoras de autos, también atravesó dificultades con las crisis económicas, pero se adaptó a la entrada de nuevos fabricantes. La mayor oferta de modelos promovió la competitividad entre las montadoras y benefició el sector de alquiler de autos, que año tras año viene ampliando el número de usuarios y promoviendo el crecimiento de la actividad en Brasil.
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